Una fiesta, un mensaje anónimo y un cura que habló de más: el caso que inspiró “Alguien tiene que saber” en Netflix

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La serie **Alguien tiene que saber**, una de las más vistas en Netflix Latinoamérica, es una producción chilena de ocho episodios que narra la desaparición de un adolescente tras una noche de fiesta. Aunque se trata de una ficción con nombres alterados, la historia está inspirada en un emblemático caso real.

Una fiesta, un mensaje anónimo y un cura que habló de más: el caso que inspiró “Alguien tiene que saber” en Netflix
Una fiesta, un mensaje anónimo y un cura que habló de más: el caso que inspiró “Alguien tiene que saber” en Netflix

El caso de **Jorge Matute Johns** es tristemente célebre en Chile y marcó una época. “Es un ícono de la crónica policial y de la sociedad chilena porque aún no se ha determinado quién fue el autor material”, afirma el periodista chileno **Claudio Arévalo**, quien participó en una extensa investigación realizada por Televisión Nacional de Chile para un documental sobre el caso. Por su parte, **Fabián Pizarro**, periodista del medio local Cooperativa, señala: “Fue uno de los episodios más mediáticos de las últimas décadas en Chile, con una cobertura constante en televisión, prensa y radio durante años. Su seguimiento prolongado logró instalar la historia en la memoria colectiva por la duración y el fracaso para cerrar el proceso judicial”.

### La desaparición de Matute Johns

El 19 de noviembre de 1999, **Matute Johns fue a bailar y nunca regresó**. La última vez que se le vio con vida fue en la madrugada del sábado 20 de noviembre. Iba vestido con jeans, camiseta blanca, camisa celeste y zapatos negros. Días después, un cartel de búsqueda lo describió como de contextura delgada, cabello negro, tez blanca y ojos verdes.

Matute Johns tenía 23 años y esa noche había ido a bailar al boliche “La Cucaracha”, ubicado en San Pedro de La Paz, junto a su amigo Gerardo Roa y las hermanas María José y María Paz Maldonado. En ese momento estudiaba ingeniería forestal en la Universidad de Concepción.

Conforme avanzó la noche, la situación se volvió confusa. Gerardo Roa contactó a la familia de Jorge para preguntar por su paradero, pues no aparecía. Más tarde, la novia del joven recibió una llamada anónima advirtiendo que le había ocurrido algo grave.

La incertidumbre afectó a los padres, el sindicalista **Jorge Matute Matute** y **María Teresa Johns**, así como a amigos y a la policía. En enero de 2000, ante la atención pública, la investigación se orientó hacia un posible secuestro y obstrucción a la justicia.

El 1 de enero de 2001, siete jóvenes fueron detenidos por obstrucción a la justicia, tras pesquisas de la Policía de Investigaciones de Chile (PDI). Sin embargo, el 23 de enero de 2002, la Justicia liberó a los acusados para centrar la investigación en el dueño y dependientes del boliche.

Un hito fundamental ocurrió el 12 de febrero de 2004, cuando **el cuerpo de Matute Johns fue encontrado a la orilla del río Biobío**. El Servicio Médico Legal confirmó que se trataba de un asesinato.

Por presunciones, el Consejo de Defensa del Estado pidió procesar por homicidio a dos de los siete detenidos, pero la solicitud fue rechazada. En 2010, el caso se cerró, aunque volvió a abrirse en 2014 cuando la jueza **Carola Rivas** ordenó la exhumación del cuerpo para nuevos análisis en Santiago.

Estos exámenes revelaron que el joven había muerto bajo efectos tóxicos de pentobarbital, un fármaco utilizado para la eutanasia de animales. En marzo de 2018, la jueza Rivas planteó la hipótesis de que le suministraron la droga para que perdiera la conciencia y así pudiera ser abusado sexualmente. Esta conclusión formó parte del sumario final entregado a la familia.

Se supo además que otros cuatro casos similares involucraban a víctimas drogadas o emborrachadas con signos de violación. La magistrada destacó la dificultad para lograr condenas debido al tiempo transcurrido, la muerte de siete de los doce sospechosos y la exclusión del resto por la investigación.

Según Rivas, la policía habría desestimado un testimonio presentado en 1999 que podría haber vinculado el caso con abuso sexual.

El sacerdote que en la serie es interpretado por **Gabriel Cañas** existió en la realidad y es **Andrés San Martín**, cura de la iglesia Buen Pastor de San Pedro de la Paz. En 2003, cuando el cuerpo aún no había sido hallado, **San Martín afirmó públicamente que Matute Johns estaba muerto y enterrado**. Por este motivo recibió una amonestación verbal del arzobispado, aunque la Iglesia defendió que no violó el secreto de confesión.

En 2014, tras volver a declarar, la familia de Matute sostiene que el sacerdote conoce la verdad.

### Un caso que dominó la opinión pública

“Cada nuevo antecedente reactivaba el interés y el debate, consolidando el caso como un símbolo de incertidumbre y de un proceso judicial complejo que mantuvo al país en vilo”, recuerda Pizarro.

Arévalo señala que “en Chile las familias y personas involucradas se volvieron muy mediáticas. Fue así porque la investigación estuvo plagada de desprolijidades: hubo confusión entre la Policía de Investigaciones y Carabineros, con pistas cruzadas y eliminación de evidencias en la escena del crimen”.

Los constantes vaivenes del caso y su falta de resolución generaron que “una parte importante de la opinión pública chilena se marcara por la desconfianza”, añade Pizarro. “Más allá de avances judiciales, persiste la sensación de que no se esclareció completamente lo ocurrido

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